
Está Don Quijote convirtiéndose en su personal fantasma, en su personal ilusión, en su personal trascendencia. No importa que lo zaraneen los demonios interiores o los exteriores. Está Don Quijote liberando a todos para librarse de sí mismo. Se ha desligado de su identidad personal para colocarse en el lugar que corresponde a los que andan sin camino por los caminos.
Es Don Quijote el triunfador contra la irracionalidad, el que espera todas las envestidas, el que merodea por todos los escondrijos, el que se afana contra los gigantes que solamente él puede derrotar. Es don Quijote la razón ante la sinrazón, el alma que se ha escapado de la materia inerte, el hambre que no necesita alimentos para sí sino para los hambrientos. Es Don Quijote el harto de justicia que va sembrándola por todos los caminos para que la recojan los necesitados. Es Don Quijote la única esperanza que queda en un mundo destinado a las encrucijadas. El Don Quijote el alma en pena.
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