lunes, 24 de marzo de 2008

LOS MONJES

Aquel día los monjes budistas juntaron los cuerpos, juntaron las manos, juntaron las mentes y, todos a una, todos a grito silencioso, todos vestidos de rojo fuego, rezaron para que la violencia cediera.
Aquel día los budistas de menor edad mostraron a todas las conciencias sus cabezas rapadas, dispuestas a que sobre ellas cayeran, como cayeron, las amenazas que ya caían contra quienes no querían la represión. En la religión de estos jóvenes con la violencia no se alcanza el nirvana, sí con la concentración austera, sí con el reparto de la tolerancia, sí con la postura en espera.
Aquel día los budistas, de rebelión juvenil y sin trampa, se postraron fuera de sus recintos sagrados y en la sagrada plena calle, para que nadie dudara de su disposición al martirio.
Aquel día los alrededores de las monumentales pagodas, templos vivos del budismo, se dispusieron a las balas, a los gases lacrimógenos, para abrir el camino cerrado por las dictaduras.
Aquel día la política sagrada se convirtió en oración desinteresada, en plena calle, y la atroz violencia en ametralladora contra los jóvenes budistas.
Son, ya los ven, muchachos, seminaristas budistas, pera entendernos. Más de uno cayó. La oración carece de antídoto contra los disparos. Pero los jóvenes budistas no siguieron arremolinados para que los viandantes pudieran transitar con libertad, no solamente por las calles que dan a los templos, a las pagodas más humildes, a las más humildes ermitas de esas tierras, sino por las calles que dan a la libertad.
Aquel día estos muchachos, rezando, lcantaron laquello de... no basta rezar, hacen falta muchas cosas para conseguir la paz.

miércoles, 12 de marzo de 2008

PADRE Y MADRE


Ahí están, los dos, con la sonrisa desatada. Ahí están, posando para nosotros. Madre era reacia a las fotos, y más cuando no creía estar apta para las fotos. Padre no. En cualquier momento, tiempo o lugar, como en este, comiendo sopas, hacía un alto y se plantaba ante la càmara.
Padre se fue ante, quién lo diría. Madre había contado sus días antes que padre, y mira por dónde se le adelantó él. Madre lo siguió rápido: ya no soportaba dejar de lado los paseos matutinos o vespertinos, ni dejar de escuchar sus impertinencias, las discusiones a tiempo y destiempo, esas cosas que van haciendo de la vida eterna matrimonial el sacramento de estar para siempre al lado, en las duras y en las maduras.
Padre y madre vivieron siempre no para ellos, para nosotros.
Padre y madre se privaron hasta de lo que no tenían, por nosotros.
Padre y madre se inventaron una vida de martirio, absolutamente injustificado, por nosotros.
Padre y madre necesitavan vitalmente discutir, por nosotros.
Mejor que fuera así.
Tengo para mi que siguen de sus tonterías y de las nuestras, un poco a destiempo, es verdad, pero nunca es tarde. Tengo para mi que nos recuerdan, uno a uno, desde el mismo momento del nacimiento. O antes. Tengo para mi que madre todavía anda en pos de unas oraciones que no terminaron de darle el resultado anhelado. Y tengo para mi que padre todavía insiste en lo mismo: no seas tonta, mujer; déjalos que hagan su vida.
Ahí están, con esa sonrisa libre y sin tapujos. Todavía no sé cómo madre se aventuró ante la cámara. Cuando, desde allá, entre en esta página, o pida ayuda a Sarito para ver, dira: ay, que fea he salido.
Y nosotros que la vemos tan guapa...

miércoles, 23 de enero de 2008

SI ES AMOR...






Es amor la alondra triste machacada en la tarde,
Es amor el agua roja de un río con puñales,
Es amor la hoja seca de un árbol, que se cae.
Es amor la golondrina con sus alas en el aire.

Si es amor lo que se ve, ¿por qué no se ve quien ame?

Es amor la campanilla de la oveja blanca y suave,
También amor la zamarra de un pastorcillo en el valle,
La caída de la tarde: blanca, gris, azul y mate,
Y el sol que se oculta siempre tras de las lomas y edades.

Si es amor lo que se ve, ¿por qué no se ve quien ame?

También amor la sonrisa de una mirada en la calle,
La campana de la iglesia, que nos habla de bondades.
El pregonero del pueblo que nos cuenta sus pesares
Y el tamboril, que nos toca, por las tardes, en el baile.

Si es amor lo que se ve, ¿por qué no se ve quien ame?

Amor es ser inocente en la guerra, en el hambre;
Tener un abrigo viejo con remiendos en el talle,
Preguntar por un amigo y no tener quien te hable.
Querer que haya pan en casa y no poder masticarle.

Si es amor lo que se ve, ¿por qué no se ve quien ame?

HERMANOS ARBOLES




Árboles que miráis al cielo
decid a las estrellas que no apaguen su luz.
Árboles que os movéis con el viento
ocultad las palabras que no tienen lamento.
Árboles, hermanos árboles:
no agostéis vuestras hojas verdes en el otoño.

Cobijad bajo la sombra el sueño del poeta
que canta sus penas.
Y en vuestro caminar hacia lo alto
marcad en el camino los pasos solitarios.
Árboles, hermanos árboles:
no agostéis vuestras hojas verdes en el otoño.

Cantad al son del viento los versos del poeta
que pide libertad a sus palabras.
Y en vuestras ramas
arrullad sus pensamientos que no quieren sangre.

Árboles que os mecéis en el viento
enterrad las palabras que no tienen lamento:
sed hermanos del poeta
para volar en el viento.

martes, 22 de enero de 2008

TESTAMENTO





A veces quiero que me cuentes todo lo que ya sé. A veces no, porque ya lo sé. Sé lo que piensas, porque tu mirada lo dice. Sé lo que sueñas, porque tu sueño me despierta. Sé lo que anhelas, porque yo lo anhelo. Sé lo que te agrada, porque a mi me agrada. Sé por qué suspiras, porque es lo que yo suspiro. Cuando te digo, ya lo sabía, es porque lo sabía. Antes de que me lo digas, lo sé. Antes de que te eches a llorar, sé que estás a punto. Antes de que quieras lo que quieres, ya te lo estoy ofreciendo. Cuando no estás, estoy contigo, pues no hay rincón en mi cuerpo en el cual no estés.
Eres como yo, de pocas palabras. Sólo las suficientes, las imprescindibles. Las palabras que enternecen y las que a veces duelen. Las palabras que callan y las que gritan. Eres, sobre todo, las palabras que no se dicen pero que estallan en la mirada.
A veces quiero que me cuentes todo lo que ya sé, pero para qué, si ya lo sé. Sólo con mirarme, me dices. Sólo con mirarte, te digo. Sólo con mirarnos, nos decimos. Te dejaré mi palabra, la más afortunada y la menos. Te dejaré en testamento mi palabra, pues no otra cosa tengo, y no es poco. Cuando día a día te alimentes de la palabra que te dejo, sabrás por qué te la dejo y por qué te alimenta. Cuando un padre, hija, puede dejar palabras que nunca mueren, la eternidad es lo que pervive. Estamos hechos de eternidad gracias a la palabra, al verbo, al verso. Todas mis palabras son la tuyas y tú eres mi palabra, hija.

jueves, 17 de enero de 2008


Dije que me quedaba la palabra, y me queda. Dije que la tenía dentro, y ahí está. Dije que cada día la hacía mía, y la hago. Dije que la inventaba, y me inventa. Así es la palabra, que si no suena en los labios, suena en la sonrisa; si no en la boca, sí en la mirada. Dije que me queda la palabra, y lo digo. Por eso digo que me queda todo, porque me queda la palabra.

viernes, 16 de noviembre de 2007

SELENE

Me queda tu risa. Tu risa que es la palabra del
pentagrama de tu vida. Tu risa que es incipiente y ya madura. Tu risa que ha nacido de la mía para caminar juntas. Tu risa que se afana en mirar hacia el horizonte que te espera.
Me queda tu risa que es tu palabra arropada con mi silencio. Tu risa que es un balbuceo de muchas cosas; como por ejemplo: de la primera palabra; como por ejemplo: del primer paso; como por ejemplo: del primer beso; como por ejemplo: de la primera fiebre intranquilizadora.
Me queda tu risa que se iba haciendo día a día a sí misma, que iba construyéndome día a día, alimentándome de ella, bebiendo en ella, soñando en ella. Tu risa, que es la única oración en la que he creído y diarimento continúo rezando. Tu risa que curaba todos mis enfados. Tu risa, que tropezaba en las esquinas de la casa y ahora tropieza en las esquinas del recuerdo. Tu risa, que se pronunciaba al mismo ritmo que nos pronunciábamos.
Me queda tu risa, de principio a fin, eternamente presente y deambulando entre el pentagrama de las estrellas. Es todo lo que me queda, tu risa, que es todo. Cuando de nuevo nos demos la mano, tú sonreirás, yo sonreiré, porque no necesitamos más palabras que la de tu risa.